Un Credo para mis Relaciones con Otros
Aunque sabemos que las relaciones interpersonales son muy importantes (sin importar que se trate de aquellas que se dan en un ambiente de trabajo o de aquellas que se dan en la intimidad del contexto familiar), en muchas ocasiones nuestras conductas no reflejan esa manera de pensar. Es por tal razón que debemos de crear y fortalecer esquemas mentales que nos ayuden a moldear conductas saludables a nivel interpersonal. El siguiente credo (cuyo autor es desconocido para el que escribe) va dirigido en dicha dirección. El lector notará que, en la medida a que se apegue a dichos principios, muchos “problemas” le parecerán innecesarios desde el principio (e incluso se desvanecerán antes de haberse desarrollado), mientras que otros podrán ser resueltos de formas más constructivas y menos traumáticas, para el bien de todas las partes involucradas. A continuación se presenta dicho credo, al cual siguen algunos comentarios finales:
“Tu y yo estamos en una relación la cual yo valoro y quiero mantener. Sin embargo, cada uno de nosotros es una persona distinta con propias necesidades únicas y el derecho de enfrentarse con esas necesidades”.
“Cuando tú tienes problemas al enfrentarte con tus necesidades, yo trataré de escuchar con genuina aceptación, en orden de facilitar de que tú encuentres tus propias soluciones en vez de depender de las mías. También trataré de respetar tu derecho de escojer tus propias creencias y desarrollar tus propios valores, aunque sean diferentes de los míos”.
“Sin embargo, cuando tu comportamiento interviene con lo que tengo que hacer para satisfacer mis propias necesidades, yo te diré honestamente y abiertamente cómo tu comportamiento me afecta, confiando de que tú respetes mis necesidades suficientemente para tratar de cambiar el comportamiento que yo no acepto. También, cuando algún comportamiento mío no sea aceptable para tí, espero que tú abiertamente y honestamente me cuentes tus sentimientos. Yo entonces, escucharé y trataré de cambiar mi comportamiento”.
“En aquellos momentos cuando sepamos que ninguno de los dos puede cambiar su comportamiento para satisfacer las necesidades del otro, vamos a declarar que tenemos un conflicto de necesidades que necesita resolverse. Vamos a comprometernos para resolver cada conflicto sin que ni el uno ni el otro tenga que acudir al uso del poder o de la autoridad para tratar de ganar al costo de la pérdida del otro. Yo respeto tus necesidades, pero también respeto las mías. Así es que vamos a luchar para buscar la solución que sea aceptable para los dos. Tus necesidades quedarán satisfechas, pero las mías también, nadie perderá, y ambos ganaremos”.
“De ésta manera puedes continuar desarrollándote como persona, al ir satisfaciendo tus necesidades, y yo también. Así es que, nuestra relación será una saludable en la cual cada uno de nosotros luchará para ser lo que es capaz de poder ser. Y podremos continuar relacionándonos uno con el otro, con respeto mutuo, con amor y con paz”.
Como habrá podido apreciar el lector, dicha manera de pensar puede tener como resulado una mejoría significativa en sus relaciones interpersonales. No obstante, muchos lectores quizás pensarán: “Suena muy bonito, pero es muy idealista”. “Es imposible que dos personas se puedan llevar de manera tan perfecta”. “Cuando él/ella se porte así conmigo, entonces yo me portaré así con él/ella”. Quienes piensen de esa manera deben de considerar que, aunque sí puede resultar difícil apegarse a dichos principios, no es para nada imposible. Adicionalmente resulta útil recordar el siguiente pensamiento: “Hago por otros lo que quiero para mí, y lo hago yo primero”.
Apegándonos a dichos principios aumentamos enormemente nuestras probabilidades de éxito interpersonal tanto a nivel laboral como familiar. Evitamos que problemas del hogar impacten negativamente el ambiente de trabajo, y viceversa. El credo presentado no nos pide que permitamos que otros transgredan nuestros derechos personales. Solo nos pide que recordemos que podemos ser efectivos interpersonalmente pero de formas asertivas y constructivas, sin descontrolarnos. Creamos así un ambiente de mayor armonía para nosotros y para los demás. Adicionalmente, cuando nuestros esfuerzos por llevarnos bien con otros no nos brindan los resultados que esperábamos, el apegarnos a los principios presentados nos brinda la tranquilidad y la paz interna de saber que se realizó un buen intento, que siempre estuvimos de parte de la solución y nunca de parte del problema, y que (con el tiempo) la persona podría recapacitar y entrar en razón. Y aunque así no sea, habremos logrado la victoria interna del autocontrol y la satisfacción personal de haber puesto de nuestra parte para hacer de este país un mejor lugar para vivir.
Carlos D. Reyes Pérez, Ph.D.
Psicólogo Clínico
INSPIRA
|